Derechos Humanos y crisis civilizatoria

DERECHOS HUMANOS Y CRISIS CIVILIZATORIA

Ciudad de México, 23 de febrero de 2017.

1 CRISIS DE CIVILIZACIÓN

En octubre del 2008 el también fundador del Centro de Estudios Tricontinentales de la Universidad de Lovaina, Bélgica, y Miembro fundador y directivo de los Foros Sociales Mundiales, así como vicepresidente del Foro Mundial de Alternativas, Francois Houtart, advertía en la Comisión de las Naciones Unidas sobre la Crisis Financiera y Monetaria Internacional (Comisión Stiglitz) que el mundo no sólo tiene necesidad de regulaciones, sino de alternativas, pues no basta recomponer un sistema, sino que hay que transformarlo. Y que ello constituye un deber moral que sólo puede comprenderse adoptando el punto de vista de las víctimas, el cual permite poder hacer una constatación y formular una convicción, si es que no quiere encontrarse uno el día de mañana en una crisis peor que la que ahora estamos experimentando, ni dejar pasar la oportunidad de introducir todavía a tiempo cambios importantes en la convivencia humana. La constatación de que el conjunto de las crisis que padece hoy la humanidad, la financiera, la económica, la alimentaria, la energética y la climática, tienen una misma causa, ya que asistimos a una verdadera crisis de civilización. Y la convicción de que somos capaces de transformar el curso de la historia si no renunciamos a la razón y no seguimos desdeñando la ética.

Para ello es indispensable, propone, el establecimiento de regulaciones que no simplemente mantengan el nivel real de rendimientos, sin tomar en cuenta lo que él llama las “externalidades”; es decir, lo que no entra en los cálculos contables del capital, y cuyo costo deben seguir pagando las colectividades y los individuos. Medidas concretas escalonadas en el tiempo que consideren las “externalidades” ecológicas y sociales que involucra, y que permitan a largo plazo una transformación radical que ofrezca a la crisis una salida que no sea la guerra, ni la continuidad de la lógica destructora de la vida.

Y en un texto publicado recientemente, el también científico social Boaventura de Souza Santos expresa igualmente que todas las violaciones de derechos humanos que se dan hoy en el planeta están relacionadas con el neoliberalismo, la versión, también para él, más antisocial del capitalismo en los últimos cincuenta años. “En el norte –dice–, el neoliberalismo impone la austeridad a las grandes mayorías y el rescate de los banqueros, sustituyendo la protección social de los ciudadanos por la protección económica del capital financiero”. “En el sur –sigue diciendo–, el neoliberalismo impone su avidez por los recursos naturales, sean los minerales, el petróleo, el gas natural, el agua o la agroindustria. Los territorios pasan a ser simplemente tierra, y las poblaciones que en ellos habitan obstáculos para el ‘desarrollo’ (él lo pone entre comillas) que es necesario promover ‘lo antes posible’”.

Lo que implica que nos encontramos inmersos en un sistema irracional y contradictorio en sí mismo, cuyos efectos y presuntas medidas para corregirlos son la depredación de la naturaleza y el aniquilamiento de las condiciones de la vida. Y ello por su lógica interna, que ha venido disminuyendo y excluyendo la importancia de los fines, propia de los seres humanos. Contra lo cual se impone una consideración sobre la ética y un uso racional de la inteligencia, más allá de su empleo puramente instrumental.

2. EL PROCESO DE GLOBALIZACIÓN Y LOS DERECHOS HUMANOS

En concordancia con estos planteamientos, desde hace ya algunos años Franz J. Hinkelammert escribió, en el No. 79 de la Revista Pasos, del Departamento Ecuménico de Investigaciones (DEI) en San José, de Costa Rica (septiembre-octubre de 1998), un incisivo artículo que lleva por título “El proceso de globalización y los derechos humanos: la vuelta al sujeto”, del que para los efectos de esta ponencia pienso que es muy útil transcribir literalmente algunos párrafos. Recurro pues a su texto.

Lo que ocurre con los derechos humanos en el actual proceso de globalización, describe lo que ocurre con los seres humanos, vistos como seres humanos naturales —cuerpos hablantes— bajo el impacto de las lógicas reales producidas por este proceso. Hablar de estos derechos humanos, significa hablar de la dignidad humana amenazada y violada por un sistema que se desarrolla con alta dinámica según sus leyes propias, las cuales pasan por encima de los seres humanos.

En América Latina la estrategia de la globalización fue impuesta por los tal llamados ajustes estructurales

Los ajustes estructurales se refirieron especialmente a tres dimensiones de la sociedad:

a) La apertura tendencialmente ilimitada para el capital financiero y las corrientes de divisas y mercancías.

b) La reestructuración del Estado en la dirección de un Estado policial y militar. Pareció entonces que el Estado policial significa libertad, y el Estado social, esclavitud. Se le quitaron al Estado las funciones de la política de desarrollo y de la política referente a la infraestructura económica y social. De eso se derivó la privatización de las propiedades públicas, lo que resultó en una nueva acumulación originaria.

c) La flexibilización de la fuerza de trabajo, que trae consigo la anulación de derechos de importancia decisiva resultantes del contrato de trabajo como la protección frente al despido y la protección de la mujer, pero también de los niños, etc. Las seguridades sociales son disueltas y los sindicatos debilitados, muchas veces hasta disueltos.

La imposición de estas medidas de ajuste estructural es acompañada en la mayoría de los países de América Latina por el terrorismo de Estado. El terrorismo de Estado mantiene hoy una importancia clave en la estrategia de globalización, especialmente en Colombia y México.

Desde el punto de vista que nos interesa, esta eliminación de las distorsiones del mercado tiene una importancia central. La lógica real del proceso de globalización se expresa más nítidamente en términos de la eliminación de las distorsiones del mercado.

El engranaje del mercado aparece como una gran maquinaria computacional que necesita ser perfeccionada. Las llamadas distorsiones, son considerados elementos de fricción para este funcionamiento. Sin embargo, una máquina tiene que funcionar con un mínimo de fricciones. Eliminarlas, significa mejorar su desempeño. Se lo mejora, eliminando las distorsiones.

Los derechos humanos y la eliminación de las distorsiones del mercado

Hay muchas distorsiones del mercado que se van descubriendo. Aquí, no obstante, nos interesan aquellas que son relevantes para el enfoque de los derechos humanos. El resultado es que los derechos humanos, en cuanto éstos surgen de la afirmación del ser humano como ser natural, son en su totalidad distorsiones del mercado a la luz del perfeccionamiento del engranaje de este mercado en el proceso de globalización actual.

Pero ocurre en una sociedad que habla de los derechos humanos más que cualquier sociedad anterior. El mismo imperio, las grandes empresas, toda la opinión pública y publicada giran alrededor de la afirmación de los derechos humanos. Todos están preocupados de los derechos humanos. Hay una escisión evidente dentro de las concepciones de los derechos humanos. El imperio globalizado habla de los derechos humanos, pero también los afectados —los perdedores del proceso de globalización— hablan de ellos. Sin embargo los derechos humanos aparecen con una acentuación bien diferente en ambos casos. La actual estrategia de la globalización entiende los derechos humanos como derechos del poseedor del propietario.

Se trata de derechos humanos que se ubican dentro de un mundo pensado a partir del mercado, los cuales formulan los derechos del propietario en el mercado y para tener el mercado. La relación mercantil es su centro. No reducen al individuo a participante del mercado. No obstante, piensan éste como un ámbito de libertad natural. Por consiguiente, jamás reclaman y pueden reclamar derechos humanos frente al mercado. Se orientan a derechos frente al Estado. Pero, de esta manera, resultan derechos humanos que no son exclusivos de los seres humanos.

Se trata de derechos que se refieren tanto a personas jurídicas como a personas llamadas "naturales". Aparecen, por ende, derechos humanos de simples categorías colectivas, que a la vez son derechos humanos de personas naturales. De este modo, la empresa aparece como sujeto de derechos humanos tanto como los seres humanos mismos, y aparece la tendencia a reducir los derechos humanos claves a derechos que los seres humanos tienen en común con las colectividades privadas.

En consecuencia, surge la tendencia a identificar los derechos humanos y los derechos del propietario, aunque el punto de partida de esta concepción sea el individuo autónomo inserto en el mercado sin reducirse a él.

Evidentemente, en sentido estricto no se trata de derechos humanos. Estos, como derechos exclusivos de los seres humanos, aparecen en reacción a los derechos del propietario. Emergen en medio de un conflicto que ya es notorio en la Revolución Francesa Esta no mata solamente al rey y los aristócratas, sino también a los primeros representantes de los derechos humanos del ser humano mismo.

Aparecen aquí derechos humanos que no son derechos de colectividades, sino de seres humanos exclusivamente. Son esos derechos los que de ahora en adelante promueven la emancipación humana.

Aparecen aquí derechos humanos que no son derechos de colectividades, sino de seres humanos exclusivamente. Las personas jurídicas no son ninguna instancia para reclamarlos. Se trata de aquellos derechos humanos que se derivan del reconocimiento del ser humano como un ser corporal o como ser natural. Derechos humanos que se refieren a la integridad corporal (en relación a la tortura y a la muerte violenta), a la satisfacción de las necesidades (trabajo, alimentación, techo, educación, salud), y al reconocimiento en cuanto género, etnia y cultura.

Se trata de derechos humanos que resultan de la subjetividad del ser humano, y que entran en conflicto con su reducción al individuo, al propietario y al Yo.

Estos derechos humanos se hacen presentes durante el siglo XIX y el XX, y marcan las grandes declaraciones de derechos humanos de este tiempo, sobre todo la declaración de la Organización de las Naciones Unidas. Es notable que EE. UU jamás haya ratificado ninguna de las convenciones de derechos humanos que incluyen estos derechos específicamente humanos.

Los derechos humanos hoy tienen que ser derechos específicos del ser humano, y estos derechos son derechos de un ser natural, corporal. Únicamente derechos humanos en este sentido se pueden enfrentar a la tendencia obvia a la dominación absoluta de la burocracia privada —poderes sin ciudadanos— sobre los seres humanos, una tendencia que nos condena a todos a un viaje del Titanic sin retorno.

A partir de esta situación hay que pensar las alternativas. Hoy no es para nada claro cuáles podrían ser. Apenas podemos afirmar que una acción alternativa puede consistir solamente en una acción asociativa. Sólo así se pueden disolver esas fuerzas compulsivas que resultan precisamente de la supresión de cualquier acción asociativa. Eso implica, por supuesto, la acción solidaria. No obstante, tal acción asociativa en la actualidad desemboca también en dimensiones globales, sin las cuales no puede ser efectiva. Hasta aquí el texto de Franz J. Hinkelammert.

3. HACIA UN NUEVO PARADIGMA

Como interpreta correctamente Juan José Tamayo-Acosta, como respuesta a la crisis sistémica Houtart propone un nuevo paradigma, cuyos principales características son las siguientes: redefinir las relaciones con la naturaleza: de la agresión al respeto de la naturaleza como fuente de vida; reinventar la producción de la base de la vida, privilegiando el valor de uso sobre el de cambio; reorganizar la vida colectiva a través de la generalización de la democracia en las instituciones y en las relaciones sociales, y activar la interculturalidad en la construcción del Bien Común universal. Este nuevo paradigma demanda una nueva filosofía de la naturaleza y de la humanidad.

Por ello desde el 2008 propuso en la Asamblea General de las Naciones Unidas, entonces presidida por el Embajador de Nicaragua, el sacerdote católico Miguel d’Escoto, una visión a largo plazo, que puede asegurarse al menos en torno a tres ejes, para ir resolviendo con eficacia la crisis de civilización en la que nos encontramos: 1) Un uso renovable y racional de los recursos naturales, lo que supone otra concepción de la relación del ser humano con la naturaleza: ya no la explotación sin límite de un recurso, objeto de ganancia, sino el respeto de lo que constituye la fuente de la vida. 2) Privilegiar el valor de uso sobre el valor de cambio, lo que implica otra definición de la economía: ya no la producción de un valor añadido, fuente de acumulación privada, sino la actividad que asegura las bases de la vida material, cultural y espiritual de los seres humanos en el mundo. Las consecuencias lógicas de ello son considerables. A partir de este momento, el mercado sirve como regulador entre la oferta y la demanda, en lugar de aumentar las tasas de ganancia de una minoría. Mediante la consideración de las “externalidades” ecológicas y sociales se lucha en contra del despilfarro de las materias primas, de la energía, y la destrucción de la biodiversidad y de la atmósfera. Cambian de lógica las prioridades en la producción de bienes y servicios. 3) Incorporar el principio de la multiculturalidad, que permite a todos los saberes, incluso tradicionales, culturas, fuerzas morales y espirituales capaces de promover la ética necesaria, y participar en la construcción de alternativas. Entre las religiones señala la sabiduría del hinduismo, en cuanto a la relación con la naturaleza; la compasión del budismo en las relaciones humanas; la búsqueda permanente de utopía en el judaísmo; la sed de justicia en la corriente profética del islam; las fuerzas emancipadoras de la teología de la liberación en el cristianismo; el respeto por las fuentes de la vida en el concepto de la madre-tierra en los pueblos autóctonos de América Latina; el sentido de la solidaridad que se expresa en las religiones de África. Para Houtart todos ellos son aportes potenciales importantes en el marco, evidentemente, de una tolerancia mutua, garantizada por la imparcialidad de la sociedad política.

Pero sobre todo es necesario escuchar al nuevo actor histórico plural, portador de proyectos alternativos, que ya está allí, pero al que todavía le hacen falta relevos políticos en muchos Estados: los obreros; los campesinos sin tierra; los pueblos indígenas; las mujeres –primeras víctimas de las privatizaciones–; los pobres de las ciudades; los defensores y defensoras de los derechos humanos; los militantes ecologistas; los migrantes y los intelectuales orgánicamente ligados con los movimientos sociales.

El mismo Boaventura de Souza Santos afirma igualmente en el texto citado que al contrario de lo que pretende el neoliberalismo, el mundo es lo que es porque nosotros queremos. Puede ser de otra manera si nos lo proponemos. “La situación es de tal gravedad –dice–, que es necesario adoptar medidas urgentes, aunque sean pequeños pasos”. Y añade que “esas medidas varían de país a país, y de continente en continente, aunque la articulación entre ellas, cuando es posible, resulta indispensable”.

Considero que como lo hemos venido atestiguando en México en los últimos años, la defensa y promoción de los derechos humanos desde la perspectiva de las víctimas, como derechos de las personas y de los pueblos, derechos de un ser natural, corporal, como afirma Franz J. Hinkelammert, y de sujetos colectivos, es una de esas medidas urgentes, de las que habla Boaventura de Souza santos, y de esos pequeños pasos que tenemos que seguir dando para generar las alternativas que se requieren.

(Participación de Miguel Concha Malo en el Encuentro de Análisis y Construcción Colectiva realizado el 23 y 24 de febrero de 2017 en torno al tema: Desafíos del contexto actual para una articulación socio-eclesial común.)