Aniversario del Centro Vitoria

Aniversario del Centro Vitoria

Sábado 16 de diciembre de 2017

Miguel Concha 

En el Centro de Derechos Humanos Fray Francisco de Vitoria OP, AC se apuesta diariamente por la transformación de situaciones que representan un obstáculo para un desarrollo equitativo y sustentable, y vulneran estructuralmente los derechos de personas y pueblos. Se trata de una historia de trabajo colectivo de más de tres décadas –para este 2017, 33 años–, en los que se ha cimentado el compromiso por transformar esta realidad y trabajar contra toda forma de opresión. Por luchar junto a aquellas personas que han sido vulneradas históricamente, y por estar con las y los pobres de la tierra, aprendiendo de ellos y entendiendo cómo, al formar parte de las luchas de los demás, también nosotros luchamos de forma cotidiana por nuestra propia vida digna.

En este modesto centro de derechos humanos (http://derechoshumanos.org.mx/) se entiende que el esfuerzo por esta transformación se puede realizar con diversas herramientas, como el uso crítico y alternativo del derecho y de los derechos humanos, así como de los mecanismos internacionales de protección en esta materia. También mediante el desarrollo de la investigación y el análisis para promover estos derechos, sin perder de vista el acompañamiento recíproco a movimientos sociales y víctimas de violaciones a derechos humanos. Sabemos que en estos procesos el aprendizaje mutuo y colectivo que surge es inherente e importante. Mediante estos acompañamientos a diversos procesos organizativos, se ha aprendido como organización social sobre la necesidad de una perspectiva intergeneracional e intersectorial que permee la labor de defensa de derechos. Trabajar para generar puentes entre las distintas generaciones, y entender que a las personas de cualquier edad, sexo, género, etnia, raza, clase, o cualquier otro aspecto, nos toca apostar por la construcción y ejercicio de relaciones horizontales, mediante espacios de encuentro y convivencia que faciliten el intercambio y construcción colectiva de saberes, estrategias y formas de hacer la defensa de los derechos humanos.

Para esto último el centro convocó a un nuevo Consejo Consultivo, que tendrá como encomienda ayudar a quienes integran la organización a continuar dirigiéndose ética y políticamente conforme a las necesidades del contexto y las coyunturas en sus trabajos diarios, pero vislumbrando y haciendo una tarea liberadora de largo aliento. Se agradece por ello que para dicho consejo hayan accedido a dar su acompañamiento académicos de reconocidas instituciones en materia de derechos humanos, como Sandra Serrano y Carlos Fazio, y personalidades como Daniel Giménez Cacho, que también realiza la defensa comprometida de derechos desde su labor artística. Es de agradecerse igualmente la empatía y cercanía con este proyecto de la antropóloga Dolores González Saravia, experta en transformación de conflictos, y quien ha dedicado su trabajo a la construcción de la paz. Se agradece también la presencia de dos personas jóvenes comprometidas desde la academia y el trabajo de base en sus comunidades con sus contextos y realidades, Alicia Hopkins y Carlos Brito, y la participación significativa de Fray Gonzalo Ituarte, de la Provincia de los Dominicos en México, quien desde su acompañamiento pastoral a pueblos indígenas se hace presente con su experiencia y conocimientos en este consejo.

Para este centro de derechos humanos también es por tanto muy importante la escucha, y este es uno de los propósitos en la creación de este consejo: escuchar sus reflexiones y aportes para alimentar el rumbo de una organización defensora de derechos humanos como el Centro Vitoria.

De entre las experiencias del Centro Vitoria, y las de muchas organizaciones y colectividades hermanas, hemos aprendido la importancia y necesidad de trabajar mano a mano tejiendo redes solidarias de intercambio de saberes y experiencias. Cada año sabemos más de lo fundamental que es para la defensa de los derechos humanos el conjuntar nuestros esfuerzos y pronunciarnos junto a muchas y muchos otros contra las situaciones de injusticia. Por ello se hace importante la empatía, que puede entenderse como la participación afectiva y efectiva de una persona en una realidad, en ocasiones ajena a ella, para cambiarla. Todo ello se da en el momento en que reconocemos al otro o a la otra como parte de nuestras historias y vidas; cuando aprendemos que uno depende de otros y otros dependen de uno. Lo mismo sucede cuando tomamos partido y nos hacemos parte de los trabajos y esfuerzos por la dignidad, la justicia y la paz. Esta empatía se hace también presente cuando pugnamos por la esperanza y creemos fuertemente que una realidad distinta a la que vivimos es posible.

Para el Centro Vitoria una realidad es justa si se construye en colectivo y hace camino mediante la incansable búsqueda de la verdad, con la memoria de todas aquellas y aquellos que nunca se irán, y seguirán siendo fuerza para continuar. Desde su trabajo como organización, el centro agradece la energía y confianza que a pesar de los obstáculos le han brindado en este caminar las personas y colectivos. Lo que lo impulsa y motiva a seguir trabajando con más personas. Desde inspiraciones, militancias y luchas distintas, con las que comparte y colabora solidariamente, el Centro Vitoria es en este sentido fruto de confluencias y aprendizajes diversos. Tal vez al final su modesto trabajo ayude a seguir creando espacios de encuentro, diálogo y escucha, en los que se compartan motivaciones y fundamentos para realizar cambios encaminados a la construcción de un mundo más justo y digno para todas y todos, acompañándonos y animándonos siempre a seguir luchando. Ojalá que en este 2017 se haya avanzado un poco más en esta tarea, y que así lo sigamos haciendo el año venidero y los que sean necesarios.

Consultar artículo en La Jornada.

Imagen destacada: Centro Vitoria