Editoriales | ūüďį Columna semanal de Fr. Miguel Concha en La Jornada

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Por: Miguel Concha

S√°bado ūüďÖ

01 de agosto de 2020

Cuando muere una lengua, ya muchas han muerto y muchas pueden morir. Espejos para siempre quebrados, sombra de voces, para siempre acalladas: la humanidad se empobrece. En su poema Cuando muere una lengua Miguel León Portilla nos recuerda la importancia del México multicultural. Hoy, en plena pandemia, a causa del Covid-19, un megaproyecto impulsado por intereses industriales está desplazando al pueblo guarijío. Se trata de la presa Los Pilares, en Sonora. Armando Haro y Ramón Martínez revelan en el libro Patrimonio biocultural y despojo territorial en el Río Mayo (2019), publicado recientemente por El Colegio de Sonora, los atropellos e ilegalidades del proceso que hoy amenaza a los guarijíos.

Es innegable que los pueblos originarios de nuestro país y su herencia cultural han sido histórica y sistemáticamente agredidos por el desarrollo occidental, llevándolos casi al borde del exterminio. Con una óptica mercantilista, se les ha despojado de sus recursos naturales, sus expresiones culturales y costumbres, vulnerando así sus derechos esenciales. En nuestros días este despojo territorial y cultural, aunado al desplazamiento forzoso de diversas comunidades, se ha incrementado debido a los nuevos megaproyectos y desarrollos industriales.

Para los guarij√≠os los territorios no significan lo mismo que para la visi√≥n occidental. Para ellos el territorio es la base simb√≥lica que sustenta su origen y los identifica culturalmente. La naturaleza es, adem√°s, un ente sagrado y polimorfo en el que moran subjetividades de los seres vivos y de los antepasados inanimados. As√≠ lo expresa un l√≠der guarij√≠o:¬†los Pilares para nosotros es un lugar importante y sagrado, ya que en estas aguas estancadas y termales es donde nuestros antepasados y nosotros adquirimos los conocimientos necesarios para ser m√ļsicos de pascolas, arrendadores de caballos, cantadores de venado, cantadores de tuburi, rezadores, curanderos, chamanes y para ser buenos jinetes.

Por ello, el valor biocultural del territorio que pretenden arrebatar a los guarijíos va más allá del valor comercial que sirve para satisfacer intereses mineros y de la agroindustria. Nada de esto importó, pues la presa se inició sin tomar en cuenta ni a las comunidades originarias, ni al impacto socioambiental que ella tendría. Primero se justificó con la excusa de generar energía y expandir la agroindustria, y luego, debido a la resistencia de los guarijíos, con el argumento de que era necesaria para la protección civil.

Seg√ļn lo exponen Haro y Mart√≠nez, parece que la verdadera raz√≥n se esconde en los vastos yacimientos no explotados de plata y otros minerales que hay en territorio guarij√≠o. Desde el inicio la manifestaci√≥n de impacto ambiental (MIA) tuvo grandes deficiencias y se descuidaron aspectos cruciales, como los riesgos al patrimonio biocultural y la opini√≥n de los guarij√≠os o el necesario enfoque de cuenca para valorar el impacto en la biodiversidad, la cultura y el bienestar de todas las personas ah√≠ asentadas.

Aunado a otras graves irregularidades, las autoridades judiciales tambi√©n cometieron diversos atropellos ante los m√ļltiples amparos que promovieron los guarij√≠os. Algunos fueron desechados por considerar sobreseimiento o, cuando al fin se conced√≠an, eran parciales, pues s√≥lo se otorgaban para efecto de no desplazarlos, pero se permit√≠a la continuaci√≥n de las obras, aunque ambos fueran parte del mismo proceso y no obstante que las obras en s√≠ mismas implicaran un riesgo de desplazamiento.

Finalmente, a inicios de 2019, despu√©s de cinco a√Īos de juicios y siete de lucha, se les concedi√≥ el amparo y protecci√≥n de la justicia federal. El juez tambi√©n anul√≥ la MIA y el permiso de construcci√≥n de la presa. Pero esto poco import√≥, ya que a finales de 2019 el gobierno federal otorg√≥ 600 millones de pesos para terminar la presa, a pesar de las denuncias y amparos. Los han aislado, no pueden acceder a los terrenos de siembra y han limitado su suministro de agua.

Para amedrentarlos, el gobierno ha llegado incluso a negarles, ilegalmente, servicios básicos, como el suministro de agua potable o el acceso a los apoyos federales, al grado que los llevaron al borde de la hambruna. Además, quien se niega a ceder sus territorios, ha sido víctima de amenazas e intentos de soborno por parte de las autoridades.

Hoy la presa se ha llenado, y al abrir las compuertas, sin aviso previo, se han inundado todos los caminos hacia las comunidades guarij√≠as. Las comunidades de Mochibampo, Mesa Colorada y San Bernardo tendr√°n que ser desplazadas forzosamente de sus tierras ancestrales si el nivel de agua sube como temen los pobladores. Esperamos que la Comisi√≥n Nacional de Derechos Humanos act√ļe ante este caso. No s√≥lo est√°n despojando a un pueblo de su territorio, en los hechos, lo est√°n sentenciando a muerte. Agradezco la contribuci√≥n de Daniel C. Santander en la elaboraci√≥n de este texto.