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Web original | ūüď∑ Imagen : Cristopher Rogel Blanquet

Por: Angélica Díaz

ūüďÖ 22¬†de junio de 2020

Desde hace m√°s de 10 a√Īos hacer periodismo en M√©xico es una labor de alto riesgo para quienes lo ejercen, llegando incluso a sobrepasar a pa√≠ses que se encuentran en guerra declarada. Asesinatos, agresiones y censura a cientos de periodistas forman parte de una enorme deuda que tiene el Estado con el incumplimiento de sus derechos, ya que no solo se enfrentan a este panorama de violencia, sino tambi√©n a la impunidad que se ha ejercido ante el asesinato de al menos 160 compa√Īeros desde el 2000 hasta el 16 de mayo en el que el periodista Armenta √Āvalos fue asesinado afuera de un comercio en Ciudad Obreg√≥n, hecho que ocurre debido a la ineficiencia de condiciones que aseguren garant√≠as y leyes que protejan de una manera integral el ejercicio del periodismo.

En el 2012 se public√≥ la Ley de Protecci√≥n a personas defensoras de derechos humanos y periodistas, en donde se establece la responsabilidad de cooperaci√≥n entre las entidades federativas para garantizar la vida, integridad, libertad y seguridad de las personas que se encuentran en riesgo por el ejercicio de la libertad de expresi√≥n y la defensa de los derechos humanos. Dicha Ley, a m√°s de ocho a√Īos de su publicaci√≥n, no ha logrado garantizar lo que promet√≠a, pues no se han generado las condiciones necesarias para que su efectiva protecci√≥n sea una realidad.

Muestra de ello es que, por ejemplo, Javier Valdez y Miroslava Brech, periodistas asesinados en 2017, contaban ya con medidas de protección por parte del Estado. Familiares y activistas enfatizaban en que la exigencia de seguridad tanto para Miroslava como para Javier fue muchas veces retrasada e ignorada por las autoridades, siendo esta falta de atención uno de los factores que finalmente permitieron los crímenes que terminaron con sus vidas.

Ante todo este panorama que acompa√Īa el ejercicio del periodismo en M√©xico y sumando la situaci√≥n extraordinaria que enfrentamos en gran parte del mundo ante el virus SARS-COV2, se van agravando las violencias que ya se viv√≠an pero que ahora se recrudecen: desde el despido masivo de personas que trabajan en medios, la falta de cuidado de las empresas de comunicaci√≥n ante sus trabajadores y la informaci√≥n que emiten, agresiones por parte de la ciudadan√≠a, nulos derechos laborales y una incertidumbre constante sobre qu√© es lo que pasar√° a futuro con esta profesi√≥n a nivel mundial.

Algunos de los medios de comunicaci√≥n m√°s importante del pa√≠s se han visto salpicados por sus posturas e investigaciones cr√≠ticas sobre la forma en la que el gobierno est√° enfrentando la contingencia sanitaria, algunos de ellos se han visto expuestos tambi√©n ante el descubrimiento de informaci√≥n falsa e incluso ataques hacia otros periodistas, lo que habla de una crisis de la libertad de expresi√≥n e informaci√≥n en un momento de suma importancia para evitar la propagaci√≥n a√ļn m√°s extensa del virus en el pa√≠s. Por su cuenta, la prensa mexicana independiente ha aportado coberturas desde lugares alternativos, presentando datos e historias que van surgiendo ya desde a√Īos anteriores en donde muchos de estos peque√Īos medios se hab√≠an visto censurados; medios que adem√°s constantemente se encuentran en crisis y acent√ļan el hecho de que ser periodista en M√©xico es una din√°mica constante de emergencia.

Para dar cuenta de algunos desafíos tuve la oportunidad de charlar con cuatro personas que trabajan en diferentes geografías y medios de comunicación para tener un panorama de lo que el gremio de personas periodistas están viviendo en medio de esta emergencia sanitaria, se han cambiado algunos nombres por motivos de seguridad.

En primer lugar resalta que la incertidumbre, el miedo y la irresponsabilidad que muchas empresas de comunicaci√≥n est√°n ejerciendo sobre sus trabajadoras y trabajadores viola derechos humanos b√°sicos para el libre desarrollo de su labor. Hay una aparente preocupaci√≥n, pero la realidad que reflejan la precarizaci√≥n y violencia que enfrentan todos los d√≠as y las pocas medidas de seguridad al tratar de cubrir ciertas noticias son responsabilidades que ya han cobrado vidas. Mariana Hdz, que trabaja como camar√≥grafa de un canal de televisi√≥n en la Ciudad de M√©xico expresa: ‚ÄúLa verdad s√≠ me da miedo cuando nos mandan a cubrir hospitales, cuando empez√≥ todo esto, muy, muy al principio me mandaron con una reportera al INER, literal nos mandaron hasta el laboratorio en donde entregan las pruebas y ah√≠ no nos dieron protecci√≥n de nada, ni en el hospital, ni el canal, nos pusimos un cubrebocas y eso gracias a que mi reportera llevaba. Me sent√≠ muy insegura, quiz√° de COVID no me pude contagiar, pero era la sala de muestras y de cualquier otra cosa te puedes haber contagiado‚ÄĚ.

Por su cuenta, Christopher Rogel Blanquet, que es fotoperiodista¬†freelance¬†para diversas agencias, reflexiona que posiblemente ‚Äúel √≠ndice de probabilidades de que el COVID nos d√© a nosotros es m√°s alto que a otras personas, eso partiendo de que no solamente estamos saliendo como muchos, sino que estamos buscando las historias a partir de lo que ocurre con el COVID, eso nos est√° afectando; adem√°s, en mi caso como¬†freelance¬†ya perd√≠ muchos proyectos. Para otros hay preocupaci√≥n por la solvencia econ√≥mica. A muchos de los colegas que est√°n trabajando les han bajado el salario, algunos del 30% al 40% y no as√≠ la carga de trabajo‚ÄĚ.

Mientras tanto, Isael Rosales Sierra, periodista en el Centro de Derechos Humanos de la Monta√Īa, Tlachinollan, resalta que ‚Äúhay una carencia desde antes de la pandemia en el sistema de salud, es nula la presencia, no hay infraestructura, incluso en algunas comunidades no hay medicamentos, tienen que curarse las personas con yerbitas y ah√≠ le van buscando, el sistema de salud en las comunidades muy poco ha funcionado, ha funcionado en algunas por las personas que se organizan, alzan la voz, pero si no, no hay nada. La marginaci√≥n, la discriminaci√≥n, el olvido de las comunidades sirve tambi√©n para que ellos no crean en un gobierno que anda diciendo que hay una enfermedad.

‚ÄúFaltan muchas cosas para que esta pandemia pueda transformar las cosas, no puede ser, no toca los cuerpos, la conciencia como para que mueva hacia una transformaci√≥n. Siguen los problemas de siempre y se convierte en algo triste,se convierte en una violencia del Estado y es que seguimos en las mismas, pero es una oportunidad para visibilizar otras cosas, efectivamente‚ÄĚ.

La importancia de imaginar una transformaci√≥n social que provenga de esta nueva crisis, nos debe poner alertas y ser bastante cr√≠ticas y cr√≠ticos con la centralizaci√≥n de energ√≠a en un solo problema, no es que las violencias hist√≥ricas hayan desaparecido, al contrario, parece ser que se est√°n agravando, y esta normalidad que tanto se espera, nos esta siendo impuesta. El contexto pand√©mico nos brinda la oportunidad de visibilizar las problem√°ticas que a√ļn no se resuelven, activar la organizaci√≥n comunitaria y la solidaridad como una forma de resistencia que contin√ļa, que enfatiza la urgencia de paz con justicia y desde un enfoque de derechos humanos.

Finalmente, Roselia Chaca, que es reportera de El Universal en Oaxaca, comenta que agradece conservar el trabajo, ya que ‚Äúmuchos compa√Īeros ya lo perdieron. Yo estoy por n√≥mina, soy suertuda porque s√≠ tengo seguridad social, tengo un contrato, no tengo que mandar factura para que me paguen, cada quincena llega mi sueldo, mi pap√°, mi mam√° est√°n en el seguro, adem√°s que el sueldo est√° muy bien. Las y los periodistas venimos arrastrando un estr√©s postraum√°tico despu√©s de lo del terremoto, mi empresa me ayud√≥, porque yo perd√≠ parte de mi casa, por eso me siento afortunada, en mi caso s√≠ he recibido un poco m√°s de apoyo pero no todos lo reciben, aqu√≠ muchos perdieron su casa y no recibieron apoyo ni del gobierno‚ÄĚ.

Las diversas voces resaltan que las y los periodistas carecen la mayor parte de las veces de condiciones que garanticen su seguridad física, de equipos de protección al personal, de acceso a la atención médica; además de ser continuamente receptores de un flujo interminable de información, miedo al contagio y demás situaciones que vulneran su salud mental. Luchemos por medios más libres, que exijan y garanticen que las personas periodistas cuenten con protección integral del Estado para ejercer su profesión sin miedo y sin riesgo.


*Angélica Díaz es colaboradora voluntaria del Centro de Derechos Humanos Fray Francisco de Vitoria O.P. A.C.